Estamos metidos de lleno en una crisis económica y financiera sin precedentes, pues sus efectos y orígenes provienes de factores que antes nunca habíamos sufrido, como la sanitaria, y con  posibilidades de crecimiento no por temas económicos, que puede ser pues aún no han llegado la mayoría de las consecuencias a la calle, sino sobre todo por las enormes posibilidades de rebrotes del virus y futuros confinamientos de la población de nuevo.

En estos tiempos, empiezan a surgir imprevistos, problemas económicos, despidos que no nos esperábamos e inestabilidad económica que nos obliga a ser más cautos y posicionarnos defensivamente en cuanto a nuestra futura economía a fin de evitar importantes problemas futuros.

Debemos de ser precavidos y ver que gastos son obligatorios y cuales superfluos o no imprescindibles y si podríamos hacer frente a todas nuestras obligaciones con una merma de nuestros ingresos.

Hacer reagrupación de deudas o refinanciación de préstamos.

Muchas personas no se adelantan a los acontecimientos y cuando llegan estos problemas empiezan a tener problemas con los pagos y no los pueden afrontar generando mayores problemas como son los listados de morosidad y cierre del crédito, o pagándolos con retraso lo que genera comisiones de reclamación e intereses de demora, lo cual hace crecer nuestros recibos y mermar más nuestra liquidez. Otras veces, se ha tirado de préstamos preconcedidos como si la situación fuera coyuntural y no estructural, y fuéramos a recibir una cantidad de dinero extraordinaria a corto plazo, con la que poder cancelarlo cuando esto no es así. Lo que estamos haciendo de esta forma es capitalizar intereses, por los que terminaremos pagan aún más intereses e incrementar nuestras obligaciones de pago, por lo que terminamos realizando un efecto bola de nieve, que puede ser fatal. Estos préstamos para realizar pagos solo deben ser realizados en situaciones puntuales en los cuales estamos a la espera de una liquidez extra como la venta de un inmueble, la caducidad y recuperación de unos fondos, etc que nos permitan su posterior cancelación. De otra forma, será un parche que pagaremos muy caro.

La diferencia fundamental entre refinación de préstamos y reagrupación de deudas es que la refinanciación de préstamos se puede realizar cuando nos anticipamos al problema. Ante las expectativas de un futuro problema o una crisis económica, procedemos a una refinanciación de préstamos, agrupándolos todos normalmente con la opción hipotecaria, en el cual ampliamos el plazo al máximo y reducimos los tipos de interés. Normalmente estos plazos pueden ser hasta de 20 años y tipos de interés en torno al 3%, por lo que la diferencia con tipos de interés por encima del 6% normalmente en préstamos personales y plazos de 5 años muchas veces, o máximos del 8%, puede hacer que todas las cuotas se reduzcan a más de la mitad, más aun si tenemos tarjetas de crédito que muchas veces pasan del 12% o eliminando la trampa de las tarjetas revolving, que no pagan capital y podemos estar pagando a perpetuidad.

Realizar una refinanciación de préstamos anticipándonos al problema nos evitara listados de morosidad, tipos de interés mayora y manchar nuestro sistema crediticio, pudiendo acceder a nuevas posibilidades en el fututo.

La agrupación de deudas, sin embargo es una solución distinta. En este caso se producirá una refinanciación para agrupar en un solo pago, pero ya no será de préstamos o tarjeteas de crédito en vigor, sino de deudas vencidas y exigibles, en algunos casos ya exigidas judicialmente y la posibilidad de tener embargos.

En estos casos se nos demanda un valor superior al del préstamo inicial, pues tiene intereses de demora, gastos judiciales, etc.

La agrupación de deudas  no es tan atractiva como la refinanciación de préstamos, pero no descartable. Si bien es cierto que se pagan mayor cantidad de intereses, los gastos son mayores y se pide unas garantías superiores al ser nuestro estado de moroso, también es interesante pues eliminamos embargos, se da opción de poder pagarlos pocos a poco y no de una sola vez como suelen exigir las deudas, paramos procedimientos judiciales, intereses de demora, penalizaciones y las acciones de empresas de recobro, que no son nada agradables.

La diferencia fundamental es que en la refinanciación de préstamos, los préstamos están al día y en vigor y en la reagrupación de deudas ya son impagados. Cambiando sustancialmente el procedimiento y las facilidades.